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Autor Tema: Benjder Lampvis  (Leído 183 veces)

 

Antilles

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Benjder Lampvis
« en: 25-Octubre-2017, 13:16:00 »
Capitán imperial retirado



Nombre: Benjder Lampvis.
Altura: 1,76m.
Peso: 60kg.
Sexo: Masculino.
Edad: 68
Descripción física: A este antiguo oficial del Imperio le han pasado factura por partida doble tanto la edad como las batallas vividas. Su delgadez extrema es solo uno de los rasgos que ponen de manifiesto un frágil estado de salud. Un pelo corto y canoso corona su cabeza, su ojo izquierdo, de color gris, contrasta con el ojo cibernético derecho, el cual emite una leve luz rojiza. Su rostro se completa con las arrugas de la edad, cicatrices de metralla en el lado derecho y una barba "de tres días" descuidada. Su brazo derecho, también mecánico, ha visto mejores días.


Destreza 2D+2
Blasters 4D
Parar sin armas
Esquivar 3D
Granada
Armas pesadas
Parar con armas
Atacar con armas

Conocimientos 3D
Razas alienígenas
Burocracia 4D
Culturas
Lenguas
Sistemas planetarios 4D
Bajos fondos
Supervivencia
Tecnología 4D

Mecánica 3D+2
Astrogación 4D
Cabalgar
Manejar repulsores
Artilleria naval 4D
Pilotaje naval 4D
Escudos navales 4D

Percepción 3D+1
Negociar
Mando 4D+1
Timar
Jugar
Esconderse/Furtivo
Buscar

Fortaleza 2D+1
Atacar sin armas
Escalar/Saltar
Levantar
Vigor
Nadar

Técnica 3D
Prog/Rep computadoras
Demolición
Prog/Rep droides
Medicina
Rep repulsores
Seguridad
Rep naves espaciales

Ventajas:
-Vista aguda: Blasters +5, Buscar +1D [2 puntos]. (Debido a su ojo cibernético)
-Contactos: Culturas +1, un contacto debe favores al personaje [3 puntos]. (Debido a sus años de servicio en la Marina Imperial y Republicana)
-Subcultura y jerga (Limitado al conocimiento del Imperio): Burocracia +1D, Cultura +1D. [1 punto] (Debido a sus años de servicio en la Marina Imperial)

Desventajas:
-Cambios de humor [2 puntos]. (Debido a la personalidad)
-Reparos morales [2 puntos]. (Debido al código de honor militar: reticencias a matar innecesariamente objetivos imperiales, trato de respeto a oficiales...)
-Fatigable: Fortaleza -1 [1 punto]. (Debido a su edad y estado de salud)
-Prótesis mecánica disfuncional [=Patoso]: Destreza -1 [1 punto]. (Debido a que su brazo mecánico no funciona en ocasiones tan bien como debería)


Historial:
Spoiler
Quien ha vivido mucho sabe que muchos recuerdos se pierden, episodios enteros de una vida se olvidan como si jamás hubiesen ocurrido o como si su protagonista hubiese sido algún otro. Al final, solo quedan los recuerdos desgarradores, esas experiencias terribles que se mantienen en la memoria con la totalidad de su vívido carácter, a pesar del paso de los años y de los juegos de prestidigitación de la fantasía de un anciano que edulcora o amarga, con este o aquel detalle, algún hecho concreto. Este era el caso de Benjder Lampvis; y él también era consciente de esta verdad.
De su infancia en Alderaan, apenas era capaz de rememorar algunos episodios y sensaciones. Esto no quiere decir que hubiese olvidado su pasado: había nacido en una familia acomodada, su padre Dimper Lampvis era un comerciante de productos exóticos y su madre, Uuma, se había labrado cierta reputación como literata. Esta condición familiar le había hecho disfrutar de todo lo que un niño alderaaniano pudiese desear: juegos, diversiones, comodidades, caprichos, una temprana formación excelente... Sin embargo, de aquella época apenas podía evocar unas pocas sensaciones, como la de la calidez que le invadía al contemplar los atardeceres desde un balcón en su hogar o la incomodidad de las clases de baile impuestas por su madre. «Qué lejos queda ya Alderaan... Qué lejos... Lejos...» Este pensamiento se repetía desde hacía algunos años en su cabeza. Cuanto más se acercaba el final de su vida, Lampvis se esforzaba en vano por recuperar algo de aquella niñez a la que ya no podía regresar. También, desde hacía un tiempo, esta melancolía se había entremezclado con un ardiente sentimiento de odio que venía a diluirse en una profunda sensación de decepción.
La adolescencia de Lampvis fue el pistoletazo de salida que le trajo hasta aquí, hasta esta cantina en la que eso que le han vendido como "wishky corelliano" ayuda a dar algo de dulzor a todos sus recuerdos. «Aquellos años no estuvieron mal», pensaba. Fueron los años de la rebeldía, de la avidez. Benjder soñaba con una vida aventurera: las lecturas en la biblioteca familiar sobre las historias de culturas, especies y lugares lejanos le cautivaban. Muchas veces se quedaba ensimismado mirando las estrellas imaginándose a sí mismo encabezando una expedición a las regiones desconocidas y regresando triunfalmente a Alderaan con un importante hallazgo tecnológico o con el descubrimiento de una nueva civilización. Sin duda, todo lo que el muchacho había aprendido de los libros sobre la galaxia era visto con buenos ojos por su padre; sin embargo, lo que no encajaba en los planes paternos era ese espíritu aventurero: el negocio de los artículos exóticos debía ser dirigido desde una oficina. «Para hacer créditos, hijo mío, deja que los saltos hiperlumínicos a ciegas los hagan otros». Benjder recordaba con una sonrisa torcida estas palabras de su padre y aquel destino que le tenía preparado. La imagen de pasar horas y horas en una oficina, por lujosa que fuese, viendo inventarios, contratando a transportistas, exploradores y vendedores de "dudosa reputación" le desconsolaba; y, aunque comprendía las comodidades que esa vida ofrecía, también sentía el aburrimiento que le deparaba. Tras una fuerte discusión con su padre, éste le propuso un trato que no pudo rechazar: durante cuatro años, Benjder podría hacer un viaje por la galaxia con sus padres; vería centenares de planetas, especies y culturas, pero a su regreso debería dedicarse por completo a saber llevar el negocio familiar. «¿Cómo habría podido negarme?».
Después de cuatro años, después de haber conocido un sinnúmero de personajes, sistemas, rutas... llegó el momento de saldar su deuda. Pasó a trabajar como contable para su padre. Una vida insoportable a la que pronto se sumó un trágico accidente de speeder en el que Dimper falleció. El desgarrador sentimiento de pérdida estuvo acompañado durante algunos años por la monotonía y el hastío de sus obligaciones comerciales: firmar holodocumentos, cuadrar balances, jurar certificados de autenticidad y otros mil trámites similares que eran llevados a cabo, las más de las veces, entre las cuatro paredes de la oficina de su difunto padre. Uuma, su tierna madre, terminó por liberarle de sus obligaciones: liquidó la empresa y dio a Benjder la libertad para buscar su camino. Aunque el ansia de aventuras tiraban de él como dos dewacks rabiosos, el joven no olvidaba las palabras de su padre «deja que los saltos a ciegas los den otros». Lo mejor que le había dejado su padre –eso creía él– era un gran sentido de la prudencia y un espíritu calculador y comercial. Rápidamente fue consciente que embarcarse en locas expediciones, negocios improbables o aventuras improvisadas no le llevarían a ninguna parte. Sus sueños de infancia, aquel afán de novedad y experiencias, requería de planificación a largo plazo. «¿Por qué arriesgarse a acabar en un espaciopuerto de mala muerte buscando algún encargo?», pensó. Si quería explorar los rincones ignotos de la galaxia, necesitaría equipo, naves, personal... Y, sobre todo, experiencia. Por ello, vio natural enrolarse en las fuerzas de seguridad espacial de la Antigua República. Tras pasar brevemente por la academia de oficiales, se le asignó como oficial de comunicaciones en una pequeña corbeta que patrullaba una ruta comercial "caliente" en la frontera del espacio Hutt. Durante dos años tuvieron algún enfrentamiento con piratas, alguna llamada de socorro de una nave a la deriva, un par de incidentes con contrabandistas y decenas de averías a bordo. 

Entonces todo cambió. Una chispa en un planeta lejano sacudió la galaxia. La tensión había ido aumentando paulatinamente en la República hasta que en un planeta del borde exterior se dio una gran batalla. La paz se disipó. Las aventuras de verdad llegaron sin avisar; y lo hicieron, además, con un endiablado carácter velociferino. Los acontecimientos se sucedieron rápidamente: la pequeña corbeta iba de aquí para allá; muchas veces para nada, otras muchas, para unirse a grupos más grandes de naves. Los clones se unieron a la tripulación y los otros oficiales fueron reasignados a otros puestos. El primer gran ascenso llegó a mitad de la guerra, cuando la nave fue destruida y Benjder, junto con otros oficiales y clones de la tripulación, consiguieron salir con vida en una cápsula de salvamento. La pericia táctica, el cálculo de los recursos que tenían y también –¿por qué no decirlo?– algo de suerte, fue lo que les permitió salir con vida de aquél planeta infestado de droides en el que cayó la cápsula. «Ni siquiera me acuerdo del nombre de aquél agujero infecto...», pensaba cada vez que trataba de imaginar el número de compañeros que murieron aquel día. Su siguiente destino, ya como teniente, fue a bordo de un crucero clase Venator, en el cual vio una de las últimas batallas de la guerra: Coruscant. «Al menos en aquella ocasión las cápsulas nos llevaron a territorio amigo». La guerra acabó con una galaxia exhausta. Él también lo estaba. Vio el cambio de régimen con buenos ojos, más aún cuando se hizo público que en aquellas delicadas horas los jedi habían traicionado a la República.

Los años siguientes fueron relativamente tranquilos. También solitarios. Tras la destitución de su superior por una clamorosa actitud incompetente, fue ascendido a capitán al mando de una fragata Lancer, la "Dentellada", asignada a la escolta de convoyes de suministros imperiales y a distintas misiones de patrulla a lo largo de la "ruta Rimma". «Al final, eso fue lo más cerca que estuve de las regiones desconocidas... También de mis sueños...», murmuraba muchas veces para sí. El afán de aventuras fue sobrepasado por las experiencias de la guerra y terminó palideciendo por la monotonía de los informes, los códigos de aproximación y la calma de la paz. Sin embargo, a pesar de la dosis de aburrimiento de esta asignación en la Marina Imperial –la cual a veces le parecía una suerte de castigo paterno enviado desde el mundo de "los lejanos"– su vida de servicio se convirtió en su orgullo: antaño había luchado contra los enemigos de la República y había vencido; ahora mantenía la paz y la seguridad en la ruta Rimma. Decenas de naves piratas que osaron atacar naves del Imperio o de sus ciudadanos habían sido convertidas en polvo espacial por la "Dentellada". «Honor, orden y paz. ¡Eso significaba el uniforme! ¡Eso significaba!».

Los últimos años de servicio, cuando Benjder era ya sexagenario, las cosas habían empezado a ponerse realmente feas: la incidencia de ataques a convoyes imperiales había aumentado exponencialmente. Siempre estaban en alerta... «Y con el dedo en el gatillo. Siempre con el dedo en el gatillo», pensaba. Fue entonces cuando llegó el retiro; y lo hizo con un desafortunado incidente: la "Dentellada" llevaba muchos años a sus espaldas y, aunque el mantenimiento que el Imperio rendía a su flota era excelente, la fragata necesitaba de trabajo de astillero. En ocasiones los escudos deflectores fallaban. Benjder había emitido ya diez informes en los que solicitaba un recambio de los mismos, pero la intendencia del sector respondía con negativas y se limitaba a enviar distintos materiales para los técnicos y mecánicos de abordo. En una misión rutinaria de escolta un grupo de lo que Benjder pensó que eran piratas atacó el convoy que la "Dentellada" debía proteger mientras las naves calculaban el salto al hiperespacio. Un grupo de cuatro Y-Wings se lanzaron contra las naves. Los escudos de la fragata fallaron y los cañones de iones de los cazas la inutilizaron. La mayoría de las naves del convoy consiguieron dar el salto, pero dos cargueros tipo Mobquet y la embarcación comandada por Benjder quedaron a la deriba incapacitadas. Finalmente un transporte Action-IV apareció en escena. Tras abordar los dos transportes Mobquet y robar su carga, sus tripulantes decidieron que una fragata tipo Lancer sería un buen botín. «Se equivocaron», pensaba el antiguo oficial imperial. Era cuestión de tiempo que los sistemas volviesen a estar operativos y aquellos delincuentes lo sabían. El abordaje y la toma de control de la nave debía ser rápida y brutal. Sin embargo, subestimaron la disciplina y el arrojo imperial. Benjder organizó rápidamente la defensa de la nave: se cerraron esclusas, se obligó a los asaltantes a recorrer estancias de la embarcación que, finalmente, condujeron a los atacantes hacia trampas mortales. La batalla fue dura. Aquellos salvajes se llevaron por delante a muchos buenos hombres de la tripulación y Benjder casi fue uno de ellos: la explosión de una granada de impacto le hizo perder parte del brazo y el ojo derechos, y le dejó terribles cicatrices en ese lado de la cara. Perdió la consciencia. Cuando despertó se encontraba a bordo de la enfermería de un destructor estelar. Las naves que consiguieron huir dieron la voz de alarma. Los asaltantes que habían abordado la fragata fueron rechazados por la tripulación y sus fuerzas de combate espaciales fueron finalmente destruidas por la recién llegada ayuda de la Marina Imperial.

Aquél incidente fue un toque de atención. «Haber pasado tanto para casi morir a manos de unos granujas...». Con esta idea se retiró, con honores, del servicio al Imperio para terminar instlándose en Eriadu. Al tiempo se enteró, gracias a algunos colegas de la flota, que aquellos indeseables que por poco le hacen trizas a él y que casi se llevan su nave no eran vulgares piratas, sino una suerte de insurgentes que hacían llamarse a sí mismos "Alianza para la Restauración de la República" o "Alianza Rebelde". En aquel momento, ese dato era una mera anécdota para un oficial retirado que solo pensaba en vivir cómodamente sus últimos años.

La vida civil en Eriadu parecía revitalizar su maltrecho y viejo cuerpo, el cual apenas parecía acostumbrarse a su brazo y ojos cibernéticos. Sin embargo, el orgullo por el uniforme no era el mismo en tierra que en los pasillos de las naves de la flota. Cada vez era más frecuente encontrar carteles contra el Imperio y el Emperador, también escuchar en las cantinas algunos murmullos y conversaciones que mostraban descontento con el Nuevo Orden. Esto sorprendía y repugnaba a Benjder: «Esos gusanos no saben por lo que hemos pasado...».

Pero un día un terrible golpe llegó. Y llegó desde donde menos pudo esperarlo. Un rumor. Un rumor de que un planeta había sido destruido atravesó su alma como un vibrocuchillo al rojo. Un viejo amigo de la Marina Imperial le confirmó esa noticia. El orgullo por el uniforme dio paso al odio y la decepción. «Qué lejos queda ya Alderaan... Qué lejos... Lejos...», pensaba Benjder.

Personalidad: Calculador, ordenado y frío. Normalmente malhumorado.

Cita: "¡Cuádrese cuando le hable!"

Equipo:
-Uniforme de la Marina Imperial viejo y desgastado.
-Pistola blaster.
-2000 créditos.

Puntos de Fuerza: 1
Puntos del Lado Oscuro: 0
Estado de salud: Frágil
Puntos de habilidad:
« Última modificación: 31-Octubre-2017, 15:54:58 por Antilles »